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lunes, 5 de octubre de 2015

MARITAINIANOS




Río arriba 
Luis Barragán 





Hubo experiencias políticas, tenidas por remotas o muy remotas, que hoy sorprenderían dramáticamente a las nuevas generaciones. Con todas sus fallas y aciertos, convertidos en el eje de una sistema que reclamaba un superior estadio, los partidos fueron seguros escenarios del más variado, rico y profundo debate del que ni siquiera sospechan – principalmente – los que ahora pretenden monopolizar el poder, descompuestos al confundirse con el Estado, como ocurre con el PSUV y sus entidades subsidiarias.
Nota de exclusivo interés histórico, a modo de ilustración, medio siglo atrás, la juventud adscrita a COPEI celebró su IV Asamblea Nacional de la que resultaron electos Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González, como secretario y subsecretario generales nacionales. Se llamaba Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), con propio soporte en liceos y universidades, capaz de afrontar el asedio del marxismo-leninismo que se adentró en la lucha guerrillera, al igual que de impulsar una propuesta ideológica sintetizada por la sociedad comunitaria, entre otras atrevidas para un partido integrante de la coalición puntofijista, recogidas en un documento intitulado “Una juventud para el cambio”.
A finales de octubre y principios de noviembre de 1965, surgió el escándalo. Ya la muchachada socialcristiana y el partido mismo, no serían los mismos dándole otro giro a la democracia cristiana: vencían en los comicios internos, a través del voto nominal y secreto de 172 delegados, Vivas Terán y González (avanzados), frente a las alternativas representadas por Alvaro Páez Pumar y Oswaldo Alvarez Paz (araguatos) y Joaquín Marta Sosa y Saúl Rivas (astronautas).
Incontables fueron las discusiones, incidencias, malentendidos, aciertos, yerros, conquistas, motivaciones, en torno al compromiso político de un largo período histórico que sintetizó COPEI, surgiendo – puede decirse – la otra tradición entre sus militantes, de las varias que pueden entenderse en una organización compleja: la del avanzado, marcado por el estilo de una tendencia con algunas particularidades. Complejidad que acepta los obvios matices de una inquietud duradera a la que todavía la academia ha de estudiar con hondura y precisión, como puede ocurrir con las intimidades del resto de los partidos llamados – por comodidad – históricos.
Fueron muchas las veces que conversamos alrededor de algunos documentos, el recordado Rafael Domínguez Daly, figura descollante entre los socialcristianos, y el suscrito, quien – por cierto – hoy ensaya otros derroteros que estima más cónsonos con el nuevo siglo. Con Rafael logramos el acopio de una data que, apenas, se expresó en la “tripa” de un folleto que nunca supo de la imprenta, muy a principios de los ochenta, intentando el relato de un suceso ya cincuentenario que puede resumirse en las frases de Jacques Maritain, tomada de uno de los muy juveniles documentos que prosperaban en una diferente juventud partidista: “Se puede nadar contra la corriente. Es más, las corrientes se hicieron para nadar en contra de ellas. Y todos estaríamos perdidos si no fuéramos capaces de nadar río arriba”.
@LuisBarraganJ

http://www.lapatilla.com/site/2015/10/05/luis-barragan-rio-arriba/

miércoles, 8 de agosto de 2012

PAPIRÁNTICA

EL GLOBO, Caracas, 1ro. de Julio de 1998
Papeles de la J.R.C.
Luis Barragán


Unos meses atrás, una persona amiga me obsequió la copia de unos documentos que dijo haber encontrado en el cesto de la basura de una universidad pública. Hablamos de los borradores de la posición escrita que un sector radicalizado, empleado a fondo un lenguaje tercermundista, casi resumen del conocido libro de Fanon, llevó a la convención nacional de la juventud socialcristiana en 1970, así como de una carta suscrita en 1966 por Rafael Iribarren, connotado líder de una corriente interiormente múltiple que se dio en llamar los astronautas. El hallazgo obliga a la obvia observación en torno al destino de un patrimonio documental que, a la vuelta de tres décadas, está al borde del servicio urbano de aseo, ya alterados los parámetros, los ambientes, las referencias y, puede decirse, el actorazgo.

Transcurrido el tiempo, disminuyó progresivamente la cantidad y calidad, el prestigio y la utilidad, la atracción y la bondad de las posiciones políticas documentadas en el terreno de las juventudes políticas. No obstante, ha sido grato constatar la difusión reciente, en el marco de la convención copeyana, de "Los jóvenes reclaman su futuro", fruto de una reflexión sobre la crisis que padecemos. Constituye una buena noticia, sobre todo por el llamado que hacen para reivindicar la política, pues, no hay otra opción que recorrer los espacios públicos, dirimir colectivamente los problemas, reconocernos en un destino inevitablemente común, repensarnos en el marco de un proyecto que se teje de las más variadas y complejas vicisitudes personales. El fagocitaje petrolero, la renta que ya no alcanza, no puede relevarnos de tamaña necesidad así haya quienes digan tener la vara mágica para golpearnos y, a lo Houdini, escapar de sus responsabilidades históricas.

Está implícito el llamado a un esfuerzo político y no publicitario. El relevo generacional de los partidos, a juzgar por el reclamo hecho, está en la calle y en el aula, en el reencuentro de la costumbre militante del hacer y del pensar. No en los parapetos que surgen frecuentemente bajo el pretexto de sistemática la reflexión que, inflados, armados de la consigna del tuerto en el país de los ciegos, facilita el (a) salto a las instancias formales de los partidos delatando la precocidad de los jóvenes respecto a un grosero utilitarismo, a un pragmatismo hueco, a una orfandad nauseabunda de utopías. Hay manifestaciones auténticas, genuinas, refrescantes en el mundo cultural, deportivo y religioso tan urgidas de llevar al terreno de la política.

Los papeles de la Juventud Revolucionaria Copeyana y, en particular el suscrito por toda la dirigencia regional juvenil y un muy reducido número de dirigentes nacionales, como el que comentamos, marcan el croquis de la Venezuela pasada y presente. Ojalá que en otras tendencias juveniles partidistas haya y se exprese una inquietud similar para ver con un poco más de optimismo nuestro futuro.

Fotografía: Histórica IV Convención Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana, a mediados de 1965. Dos documentos la conmovieron y un discurso: éste, de Rafael Caldera, y -entre los papeles - "Una juventud para el cambio" (Avanzados) y "Documento para un correcto desarrollo de la JRC" (Astronauta). De ella, resultó electo Secretario General, Abdón Vivas Terán, acompañado en la Subsecretaría por un joven dirigente obrero: Rubén Darío González.


Post-data: Los papeles en cuestión, dijo hallarlos Freddy Torres en un cesto de basura en la Universidad Central de Venezuela. Me lo entregó en 1998. De hallarlos, los escanearemos (08/08/12)

RARA FECHA PARA UN ANIVERSARIO

Rara fecha para fundar una juventud política
Luis Barragán


El 24 de Diciembre de 1947, nació la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC). Es un dato extraño, porque no sólo se trata de una juventud políticamente inquieta, sino que se compromete y organiza a partir de una fecha tan extraña para fundarse.

Hoy, las juventudes políticamente organizadas no se parecen, ni de lejos, a lo que fue y significó la JRC, la Juventud Comunista, la Juventud de Acción Democrática o Vanguardia Juvenil Urredista, por citar otros ejemplos. Una decisión de estructurarse y extenderse, en defensa de un ideario y el desarrollo de una estrategia, exigiendo cada vez más a sus militantes, en contraste con un presente donde predomina la antipolítica, toda una vocación para el suicidio ciudadano.

La JRC (también Juventud Demócrata-Cristiana), por lo pronto, fue una decidida propulsora del debate ideológico en el partido, realizadora de trayectorias que generaban confianza en la convicción y habilidad de un liderazgo, y – aunque a veces tormentosa – cumplió con las pautas esenciales de la democracia interna. Sin embargo, desde ¡1994!, no conoce de una legítima innovación de sus autoridades internas, por lo menos para elegir a sus conductores, secretarios juveniles o secretarios generales como lo fueron – desde 1958 – Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Abdón Vivas Terán, José Ramón Solano, Julio César Moreno, Donald Ramírez, Agustín Berríos, César Pérez Vivas, Vadimir Petit o Gregorio Graterol, destacando la transitoriedad de Oswaldo Alvarez Paz.

Tratamos de una tradición histórica frecuentemente desconocida por los jóvenes socialcristianos de ahora, Y que, en momentos, el desconocimiento ha sido criminal, a juzgar por los que aportaron sus pretendidas luces a Wikipedia al elaborar una lista caprichosa de los dirigentes “importantes” (y que sectariamente había desconocido a Pérez Vivas). He acá un reto, pues los que orgullosamente nos hicimos en la JRC debemos insistir en lo que fue y ayudar en lo que será.

Rara fecha fundacional, ciertamente. Sin embargo, Rodolfo Cárdenas insistió en ella, sin desmentidos, en uno de los gruesos tomos que dedicó al trienio adeco. Por lo demás, ofrecemos un par de notas alusivas, publicadas añales atrás.

Nos valemos de la ocasión para desear una Feliz Navidad a nuestros amables lectores, ojalá anuncio de una mayor paz, concordia, libertad y equidad en Venezuela. Recordemos perdonar y, más aún, que el perdón no significa olvidar la justicia.

http://www.geocities.com/CapitolHill/Congress/5642/